Hombre_Pensamiento

PENSAMIENTO-EMOCION

Es bastante común que los hombres tengan pensamientos que les generan emociones o sentimientos, pero no son conscientes de esas emociones y sentimientos generados.

Por otra parte, las mujeres suelen tener sentimientos y emociones generados por pensamientos, pero no son conscientes de esos pensamientos previos que han actuado de disparador.

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Por eso los hombres suelen hablar de «pienso que» y, en cambio, las mujeres de «siento que». Parece que sean de dos mundos distintos y en realidad eso hace que sea realmente un poco así.

Hay que decir que esto suele darse en los hombres y mujeres que no han hecho ningún tipo de trabajo de consciencia o de desarrollo personal. En cambio, las personas que sí han hecho un trabajo consigo mismas, sí suelen ser más conscientes de ese binomio «pensamiento – emoción». Y ese ser conscientes también puede ser en distintos grados.

También puede haber mujeres que no son conscientes de las emociones secundarias y sí de los pensamientos o al revés, puede haber hombres que sí son conscientes de las emociones, pero no de los pensamientos previos, si bien es menos habitual.
Y aunque sorprenda, hay casos de personas en que no hay diálogo interno y, por tanto, no hay pensamientos. Pero eso es muy raro.

¿Por qué es importante activar internamente la consciencia de ese proceso «pensamiento – emoción”?

Porque eso precisamente es lo que nos permite tomar consciencia de cómo nos afecta lo que pensamos y, por tanto, es la manera de, mediante la observación de los efectos, ir revisando los pensamientos y las líneas de pensamientos para generar en nosotros estados internos mejores.
Evidentemente, no es un proceso de un día. Es un proceso de autoajuste constante a partir de esa autoobservación.

Ejemplo de un hombre: consciencia del pensamiento pero no de la emoción

Pongamos un hombre que como su novia reciente lleva unas horas sin decir nada por WhatsApp piensa que «ella ya no está interesada en él». Seguramente, al cabo de un momento pensará cualquier otra cosa, a lo mejor banal, y se olvida de eso. Pero ya se quedó con el sentimiento de «desazón», de «abandono» y eso activa una emoción de «tristeza» y quizás, de «miedo».

Él no es habitualmente muy consciente de esos sentimientos o emociones, pero sí que se siente mal, sin más conocimiento de lo que le está ocurriendo. Pero ese sentimiento de cierto malestar no reconocido, le vuelve a llevar al pensamiento de «ya no le intereso». Y sin ser consciente, se crea un bucle donde una cosa va reforzando a la otra y se queda atrapado en el pensamiento de «ya no le intereso».
Él piensa: “ya no le intereso», pero no sabe qué siente ni qué emoción se ha activado, pero la emoción está. Además, recordará probablemente los «pensamientos» relacionados con otras relaciones fallidas. Provocando a su vez refuerzo de los sentimientos no registrados.
Cuando ella «aparezca», él reaccionará según su herida interna.
Si por ejemplo, es «huidizo» (herida de rechazo) reaccionará poniendo distancia, haciendo mala cara y rechazando la comunicación. El «piensa» que está haciendo lo correcto, porque ella «no se ha portado bien».
O si es «ansioso o dependiente» (herida de abandono) reaccionará con el «pobre de mí», diciéndole que «porque no dijo nada, que él pensaba que le había pasado algo, etc.». Y como mucho puede decir que se asustó, pero es desde el pensamiento, no dirá que «sentía miedo», dirá que «pensó que…»

Ejemplo de una mujer: consciencia de la emoción pero no del pensamiento

Siguiendo con el mismo ejemplo.
Una mujer con un novio reciente, él lleva un tiempo más largo de lo normal sin decir nada. Ella piensa que «él ya no está interesado en ella» y eso también le dispara la «desazón», «el abandono» y en consecuencia, la «tristeza y miedo».

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Ella probablemente ya no recuerde el pensamiento, pues ya piensa otras cosas. Pero se queda «sintiendo» y siendo consciente de esas emociones y sentimientos, pero no del pensamiento. Y esos sentimientos la devolverán a pensar eso o algo «parecido» de nuevo. Lo de «parecido» es importante porque le llevará a la misma emoción o sentimiento, reforzándolo.

Y eso también crea un bucle.Y si por ejemplo, la llama una amiga le dirá que se «siente abandonada» no que “piensa” que él la abandonó.
Cuando se encuentren, ella le dirá que «se sintió muy mal», que porque le hace eso, etc.
Y también dependiendo de la herida pondrá distancia o exigirá proximidad, pero desde el sentir y no desde el pensar.

¿Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus?

Es el título de un libro que viene a decir que los hombres y mujeres somos de mundos distintos.
Y un poco es así, entre otros muchos factores, precisamente por esa diferencia en la manera de ser, consciente o no, de solo una parte de la ecuación «pensamiento – emoción».
Los hombres suelen ser conscientes del pensamiento y no de la emoción generada.
Las mujeres suelen ser conscientes de la emoción, pero no del pensamiento generador.
Con lo cual, ellos hablan desde el pensamiento, sin emoción, ellas de emoción sin pensamiento. Vaya, una conversación con tendencia al fracaso.

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Diferencia entre sentimientos y emociones

Es importante distinguir entre emociones y sentimientos, aunque actúen bastante juntos y se realimentan, en el día a día.
La emoción está más relacionada con la parte “biológica” y está más asociada a respuestas hormonales del cuerpo. Cuando se activa la emoción, la sangre rápidamente reparte las hormonas vinculadas a la emoción.

Por ejemplo la Ira activa la adrenalina y noradrenalina (médula suprarrenal) + cortisol (corteza suprarrenal). Preparan el cuerpo para enfrentarse a algo que nos «confronta», por lo que se activa todo el sistema muscular, circulatorio, atención al entorno, etc. y se reduce los procesos más vegetativos como la digestión. Nos prepara para la «lucha».
El sentimiento es más «psicológico», de por sí no genera directamente procesos hormonales en el cuerpo, se mueve más en el mundo del pensamiento. Pero sí que activa emociones, que a su vez, sí disparan los procesos hormonales. Y una cosa realimenta la otra, aunque no seamos del todo conscientes.
El sentimiento es el estado de fondo: la historia que nos contamos (mente), lo que damos por cierto, lo no resuelto (“me faltan al respeto”, “no estoy a salvo”). Ese clima mental prepara al hipotálamo y a la amígdala (quien controla todo el sistema emocional).
Cuando aparece un estímulo pequeño de, por ejemplo, “no estoy a salvo”, el cuerpo dispara las emociones de ira y/o miedo que liberan adrenalina, se genera tensión y se cambia la expresión de la cara a miedo o duda.

Cómo desarrollar la consciencia de la contraparte que falta

La clave más importante es darse cuenta de que esto es así, de que falta «la otra parte».
Pero una vez nos hemos «dado cuenta» de la carencia, entonces el proceso se basa en «observarnos».
Si eres hombre que no «registra» esas emociones, la clave está en quedarse un momento quieto y en silencio, y observar que se está sintiendo. Pero recordando el pensamiento o pensamientos previos para poder hacer la relación. De hecho, para todos es positivo ese permitirse «registrar» qué estamos sintiendo.
Si eres mujer que no relaciona los pensamientos, una vez registrada una emoción o sentimiento, trata de tomar consciencia de los pensamientos previos asociados.
Es importante no obsesionarse, tomárselo con calma y respeto a uno mismo. «Sin prisa pero sin pausa».
A veces, en seguida detectaremos la relación porque proceden de pensamientos y emociones más claras, evidentes y fáciles de relacionar y, otras veces, será más difícil encontrar la relación. Pero esas relaciones más fáciles nos ayudarán a ir entendiendo el mecanismo y aprender a trabajarlo. Poco a poco, podremos ir afinando y relacionando las más complejas.
Y tampoco se trata de que se convierta en una obsesión.
Pero al hacer ese trabajo una de las cosas claves es que nos centremos en aquellos patrones de emociones y sentimientos más habituales y que a menudo nos llevan a lugares internos «desagradables».
Y otra parte importante es justo lo contrario. Entender qué pensamientos nos llevan a lugares internos interesantes, precisamente para potenciarlos.
Hay que decir que no siempre vamos a poder relacionar «pensamiento-emoción -sentimiento», aunque tengamos ya mucha práctica. A veces se activan procesos que tiene que ver más con el alma o viejas heridas emocionales y que nos producen sentimientos vagos, sordos y profundos que no vamos a poder relacionar.
En este caso sencillamente se trata de “transitar” el sentimiento o emoción, “dejándolo existir” y normalmente por sí solo tenderá a desaparecer. En cambio, si “nos peleamos” con él, lo reforzamos.

Cómo aprender a comunicarse hombres y mujeres

La primera clave es darse cuenta de esa diferencia de experiencia vital y entender sus ramificaciones en las relaciones hombre-mujer. Y evidentemente donde esto se pondrá más de manifiesto es en las relaciones más próximas como las de pareja o las de padres e hijos, pues en las dos están mucho más presentes la emocionalidad y los sentimientos.
Si el hombre «piensa» y la mujer «siente», ya de entrada es un punto de partida comunicacional que es como hablar dos idiomas distintos.
Pero, en cambio, si el hombre es capaz de entender sus sentimientos y emociones y la mujer sus pensamientos generadores de emociones y sentimientos, y se habla desde esa realidad y entendimiento del otro, las cosas empiezan a ir por buen camino. No es garantía de entenderse ni de ponerse de acuerdo, pero sin eso, sí es imposible.
Si hay respeto y buena voluntad, poco a poco uno puede ir entendiendo e integrando la «funcionalidad» del otro. Con eso los dos salen ganando, pues aumentan su campo interno de entendimiento y autocomprensión y de comprensión del otro.
Eso poco a poco va desenrollando otra manera de funcionar uno mismo y sobre todo de comunicarse «con el otro».
Al incluir esos registros clave en la «escucha del otro», se le puede comprender muchísimo más y, por tanto, la comunicación es mucho más productiva «técnicamente» hablando. Pero además, el otro se siente “entendido y atendido» como no se puede hacer sin esa comprensión. Y eso también hace que la comunicación deje de ser una «lucha», para empezar a ser una expresión más del «AMOR»

Qué pasa con las personas ya trabajadas

Las personas ya trabajadas suelen tener una cierta consciencia de la relación entre sus pensamientos, emociones y sentimientos, porque es una parte importante de ese “trabajarse”.
Puede que la persona tenga lagunas, que no sea perfecta, que el hombre sea menos consciente de las emociones y la mujer de los pensamientos, pero seguro que ya se trabaja a la vez los dos campos (emoción – pensamiento) y sus relaciones. Sin eso, no se entiende nada de la vida interna y por eso no se puede superar nada.
Por tanto, es algo exponencial. Cuanta mayor consciencia de la relación de la emoción – pensamiento, mayor facilidad para entender fuentes de problemas y mayor facilidad para transmutarlos

Autor: Josep Vergés Fecha: 23/09/2026

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