Mente saturada de pensamientos

El tema de la mente es complejo y se va a tratar en varios artículos. En este empiezo por lo que seguramente es lo más importante: cómo salir de la trampa de la mente y vivir con más plenitud y bienestar.

Salir de la mente no es un proceso que se pueda realizar de hoy para mañana. El refugiarse en la mente fue un proceso lento que hemos ido estableciendo durante años y que después ha sido reforzado y sostenido a lo largo del tiempo. Por tanto, para salir también hace falta tiempo, constancia y paciencia, aunque son posibles mejoras sustanciales en plazos comparáblemente mucho más cortos. Y, por experiencia propia, sé que ese esfuerzo es de lo mejor que uno puede hacer en su vida.

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¿Por qué nos refugiamos en la mente?

En algún momento, de pequeños, nos sentimos mal emocionalmente debido a alguna razón que escapa a nuestro control o a nuestro entender de entonces. Y alguna vez, de casualidad, descubrimos que si nos «desplazamos» internamente hacia la «mente» (cabeza), sentimos que la sensación o sentimiento pierde fuerza. La razón es que «nos alejamos» del cuerpo y, por tanto, de sus sensaciones.
Cuando eso lo hacemos varias veces, nos sentimos «menos mal» y poco a poco se va convirtiendo en un hábito. Se va convirtiendo en algo normal para nosotros hasta el punto de que, con respecto a la consciencia, acabamos instalados en la «cabeza».
En principio, esto no es ni bueno ni malo, ya que también nos ayuda a desarrollar la mente, que, bien usada, es una herramienta muy útil. El problema es que al final «perdemos el camino de vuelta» al cuerpo y llega un punto en que ni siquiera sabemos que es posible volver al cuerpo, por lo que nos parece que solo existe nuestra cabeza, nuestra mente.

Conseguir volver al corazón

Después, de mayores, si entras en el mundo espiritual o en el de las terapias más humanistas, te dicen muy a menudo: «Ve al corazón». Y si preguntas cómo hacerlo, te dicen: «ya encontrarás el camino».
El problema es que la mayoría de la gente mental no lo encuentra o lo encuentra muchos años después de sentirse mal e inútil por no encontrarlo.

Corazón

Un grave problema de mucha gente del mundo espiritual o de la New Age es hablar y decir cosas desde la teoría mental, pero sin haber vivido y sobre todo, sin haber entendido el mecanismo. Eso suele generar mucha frustración y sentimiento de «tener mal karma» o «no ser válido», pues las personas saben muy bien la teoría, pero no consiguen que eso se haga natural en sus vidas.

Yo mismo, cuando tenía 30 años, me pasé unos años haciendo muchos mantras para «abrir el corazón». No digo que no me sirvieran para nada, pero sí para poco. Y no es que los mantras no sirvan -son muy potentes y útiles-, pero es infinitamente más útil entender cómo funciona el mecanismo humano.

Intentar cosas con nosotros sin conocer el mecanismo es como intentar conducir un coche sin saber para qué sirve ninguna de las palancas e interruptores. Seguramente, ni siquiera podrás poner en marcha el motor y, si lo consigues, igual te caes por un barranco porque el coche sigue recto en una curva y tampoco sabes frenarlo.

Entender los mecanismos

Por eso, es clave entender cómo funcionan nuestros «mecanismos» internos. Una vez lo entiendes, muchas cosas empiezan a tener sentido y sobre todo, dejas de jugar a la «lotería» a ver si hoy me toca «ir al corazón». Realmente, puedes hacer cosas que funcionan y que poco a poco te van llevando de verdad al corazón.

Biceps

No será instantáneo; llevará tiempo, igual que lo llevó «atraparse en la mente». Pero puedes ir al «gimnasio» de tu interior y paulatinamente hacer «biceps» de lo que te va abriendo y mostrando el camino.
Además, al poco a poco ir experimentando resultados, eso nos anima a continuar, ya que progresivamente te vas sintiendo en un lugar mejor.

No se trata de hacer cosas, sino del lugar interno en el que te colocas

La clave no es la acción externa, sino la disposición interna que adoptas

Lo primero que hay que entender es que la mayoría de los cambios internos no son algo que hacemos, sino que tiene que ver con los lugares internos donde colocamos nuestra consciencia.

Lo que sí podemos hacer, es hacer cosas que nos ayuden a encontrar y estabilizar ese lugar donde estamos y donde nos sentimos mejor. Pero es clave entender que los ejercicios en sí no son el estar en ese estado mejor, sino que son ejercicios para elegir colocarnos internamente en estados mejores. Y con la práctica de estar en ese lugar cada vez más a menudo, aprendemos a mantenerlo.

Los ejercicios nos sirven para «encontrar el camino» y «acercarnos» a ese lugar mejor en el aspecto concreto en que estemos trabajando. Pero el ejercicio en sí no es el estado ni te mantiene en él.

Una vez aprendes el camino a ese estado,

va siendo más fácil «elegir desplazarse» a ese lugar interno. Y a medida que «elegimos SER ese estado», el estado se va haciendo estable en ti, se va volviendo «natural».

Lo habitual es que, sobre todo al principio por simple inercia, sin darnos cuenta, volvemos al «estado peor antiguo». Y puede que no nos demos cuenta y nos quedemos ahí una temporada. Hasta que un día nos decimos: vaya, estaba mejor de aquella manera, ¿que hago otra vez en el lugar «peor»? Y haces un esfuerzo otra temporada para volver a mantenerte en el lugar mejor.

Y así vamos oscilando de un lugar al otro. Hasta que llega un día que ya es al revés. Habitualmente estas en el lugar mejor, y solo algunas veces en el peor.


Y también un día te das cuenta de que es así y te alegras mucho. Te das cuenta de que vives con más plenitud, con más bienestar interno, que las cosas tienen más sentido, que el entorno es mejor. Y eso te anima a continuar ese proceso de «sanación real». Ese proceso de volver a «ti mismo». Y cuando empiezas a trabajar otro aspecto que has descubierto que te hace falta, lo haces con más alegría y ganas, pues sabes «qué puedes» y que vale la pena el esfuerzo.

Volver al corazón – Primer paso – No eres la mente

Lo primero que debemos entender e integrar es que no somos esos pensamientos que constantemente escuchamos dentro de la cabeza. Ni tampoco somos esos sentimientos y emociones, incluso aquellas que a veces nos abruman.

Desde el momento en que «hay alguien» que los puede «observar», eso nos está diciendo que «somos algo más» que esos pensamientos, sentimientos y emociones.
Entender eso nos lleva ya a un lugar interno en el que, aunque sigamos estando «en la cabeza», dejamos de «creernos» que somos esos pensamientos.
Cuando de verdad entendemos que esos pensamientos, sentimientos y emociones «pasan a través nuestro» y que nosotros somos infinitamente más que eso, ya hemos ganado mucho.

¿Por qué eso es tan importante?

Porque si abres tu consciencia a algo que existe fuera de esos pensamientos, te das cuenta de que no tiene sentido pelear por ellos. Porque tu, en realidad, no eres eso.

Mientras te identificas con esos pensamientos, emociones y sentimientos, los vas a defender «a muerte» ya que crees que «eres eso» y cuestionarlos es «cuestionarte a ti», con lo que tu sentido de supervivencia se activa al máximo.
En cambio, cuando «los miras desde fuera» los ves solo como una parte más de ti, pero «tu identidad ya no está en juego».

Volver al corazón – Segundo paso – Sal de la cabeza

Probablemente sorprenda, pero aunque los pensamientos los «pensamos» en la cabeza, en realidad se generan en el plexo solar. Y la manera de calmarlos es dejar de dar energía al conjunto formado por «pensamientos, en la cabeza» y «energía, en el plexo solar».

La manera de hacerlo en realidad es muy simple: se trata de «forzar» la atención a cualquier otra cosa fuera de la caja de la cabeza. Por eso mucha gente se «relaja» viendo series o haciendo cosas que requieran mucha atención, para forzar ese salir de la «caja tonta de la cabeza». Pero en lugar de caer en otra trampa de «la caja tonta de la TV» funciona mucho mejor usar el propio cuerpo como recurso.

La clave está en fijar la atención totalmente en el cuerpo. No importa tanto el qué y cómo. Importa que desviemos la atención de la cabeza a alguna parte del cuerpo.

Atender el cuerpo

Puede ser la presión de los pies dentro del zapato, del peso del culo en la silla, la presión del cinturón en la barriga. No importa mucho el qué ni porqué. Importa que conscientemente desviemos la atención a esa parte del cuerpo y que sea una parte que de alguna manera «notemos fácilmente». En ese poner atención es primordial que nos enfoquemos, todo lo que seamos capaces, en las sensaciones «físicas» que nos llegan de esa parte del cuerpo. Sin juzgarlas y sobre todo, sin «pensarlas»; solo registrándolas. Al principio es mejor hacerlo con los ojos cerrados, luego ya no hace falta.

Es importante que el enfoque esté en las sensaciones corporales. Y aunque en seguida la mente «reclamará» su cuota de pensamientos, la ignoramos y hacemos el esfuerzo de volver a sentir esa u otra parte del cuerpo. Hay que ir insistiendo. Al principio será muy difícil. Pero con perseverancia y días de ir haciéndolo, la mente se va calmando. Es como en las películas del Oeste cuando doman el caballo. Hay que perseverar hasta que la mente se rinde.
Es importante al principio hacerlo en momentos en que la mente no está muy acelerada. Una vez hemos aprendido un poco la técnica, entonces sí ya la podemos usar precisamente para calmar esa mente a veces hiperactivada y estar más calmados.
También ocurre que normalmente la mente se hiperactiva cuando estamos viviendo algo que no queremos sentir, por lo que tomar consciencia de ello también nos ayuda a volver a la calma.

Volver al corazón – Tercer paso – Ir al corazón

Luz en corazón

Una vez hemos practicado el paso 2 un tiempo y empezamos a ser capaces de aflojar un poco esa hiperactividad mental, podemos continuar. En un momento en que estemos relativamente tranquilos y en un espacio donde nos sintamos seguros y no seamos molestados, vamos al siguiente ejercicio. Nos sentamos en algún lugar y postura que sea cómoda para nosotros. Cerramos los ojos, hacemos unos segundos o minutos de la práctica 2 y una vez estamos más calmados, empezamos.

Si eres una persona más visual, imagínate una luz dorada en el centro del corazón.
Si eres más cinestésica, imagínate un calorcillo en el corazón.
Si puedes visualizar la luz dorada y sentir el calorcillo a la vez, mejor.
Permítete un tiempo hasta que eso sea real para ti.

Una vez eso sea real, estés viendo la luz dorada o sintiendo el calorcillo y pase un tiempo razonable, haces que esa luz o ese calorcillo crezca un poco en tu pecho. Y pasado un tiempo lo haces más grande. Y cada x tiempo haces que sea más grande hasta que esa luz dorada y/o el calorcillo ocupen tu TODO tu pecho.
Cuando eso ocupe todo tu pecho pon mucha atención a las sensaciones y visiones en el cuerpo. Registra mucho lo que sientes o ves por el pecho. Grábalo internamente. Y graba también como la mente está mucho más en silencio.

Este ejercicio lo puedes hacer tan a menudo como puedas.
Incluso sin visualizar la luz dorada, solo enfocando la conciencia en el pecho.
Poco a poco, eso irá siendo más fácil. Poco a poco, será algo más normal en ti. Y verás cómo poco a poco la mente se va calmando

COrazón activo

(Puedes bajarte y realizar esta meditación como meditación guiada clicando en este texto)

Insisto. No será de un día para otro. Igual que llegar a ese espacio de hiperactividad dentro de la cabeza llevó tiempo en instaurarse, salir de ahí también lo llevará.
Pero sin ninguna duda, vale infinitamente la pena ese esfuerzo por cómo luego vas a mejorar el sentimiento y la sensación interna de plenitud y bienestar en lo cotidiano.

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Usar la mente para calmar la mente

Camino al corazón

Una vez que has entendido y encontrado este camino al corazón, entonces sí puedes usar la propia mente para ayudarte a parar la mente.
Puede parecer algo estrambótico, pero es real. La mente nunca ha querido hacernos daño. Igual que el Ego.
Ellos quieren ayudarnos a sufrir menos. Y cuando entienden que haciendo ese camino al corazón estamos mejor poco a poco nos irá ayudando y podremos usar la misma mente para que nos recuerde que hay que salir de la mente y bajar al «sentimiento» y al corazón.

Miedo a sentir

Cuando ya hemos iniciado ese proceso es normal que las emociones y sentimientos se hagan más patentes. Eso a veces nos puede abrumar un poco, pues no estamos acostumbrados a eso y no sabemos cómo gestionarlo. Esto será parte de otro artículo. Pero de momento, para poder gestionarlo, decir que el que eso ocurra es positivo.
La clave está en tomar consciencia de que si tampoco nos identificamos con esas emociones y sentimientos y las dejamos «existir» sin pelearnos con ellas, igual que vienen, se van. Pero nos dejan información de cómo vivimos nuestra vida en ese momento.

Conexión a tierra

Durante este proceso también es muy importante mantener internamente una buena conexión a tierra. Eso nos ayuda a estabilizar y anclar mejor lo que estamos haciendo. Esto también será fruto de otro artículo.

Autor: Josep Vergés Fecha: 02/06/2026

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