Un jardín cuidado: la mente entrenada es un lugar donde da gusto estar

La mente en muchos aspectos es como un jardín.

Una mente cuidada y entrenada es como aquellos jardines que por su belleza nos encanta mirar y que, por sus olores, nos embriagan. Vaya, que es un lugar donde da gusto estar.

Una mente descuidada es un campo yermo donde no se puede transitar, y si lo haces te arañarán las zarzas, tropezarás con las piedras y será muy difícil llegar a algún lugar.

Puede parecer una comparación poética, pero es literalmente así. Y sobre todo para uno mismo.

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Una persona con la mente entrenada es capaz de gobernarla y ponerla al servicio de sus objetivos vitales. Es capaz de gestionar y elegir las cosas que piensa. Suele ser consciente de cómo hacerlo y por qué elige esos pensamientos. Sabe que según qué pensamientos lo llevan a un buen lugar interno, a estar bien, a resolver fácilmente las cosas que tiene entre manos y a no malgastar energía. Y esos son los que elige. Y también sabe los que llevan a un lugar interno desagradable, y que en realidad no ayudan en nada en la vida cotidiana y los evita.

Una persona sin la mente entrenada está totalmente poseída por el flujo aleatorio y loco de los pensamientos. Y además suele atraparse en pensamientos poco productivos, y que también muchas veces la mantienen en un estado interno desagradable. Y lo que ocurre en su entorno lo lleva para aquí y para allá como si estuviera en un vendaval.

Compromiso y dedicación

Sembrar y cuidar: el pensamiento nuevo necesita tierra y atención

Hay distintos aspectos que veremos para entender cómo se hace y poder convertir nuestra mente en un «jardín hermoso».

Pero al igual que un jardín hermoso requiere de una atención permanente, la mente también.

Es una labor constante de ir podando y arrancando las «malas hierbas» y, a la vez, de ir «sembrando» plantas hermosas. Además, hay que hacerlo de manera que el conjunto sea armónico, no puedes plantar cualquier cosa en cualquier lugar.

Por tanto, lo primero que hace falta es «compromiso y dedicación» a ese trabajo de jardinería. No sirve un día hacer un ratito, y ya volveré el mes que viene. Hay que hacerlo constantemente, cada día, cada momento. Sobre todo al principio requiere mucha atención y disciplina, después ya nos podemos relajar un poco, pero nunca relajar del todo la atención.

Líneas de pensamiento

La mayoría de personas suelen tener pensamientos en bucle. Es decir, que durante el día, según las situaciones, suelen tener muchos pensamientos que, aunque distintos, suelen estar englobados dentro de sus «líneas de pensamiento» habituales.

Por ejemplo, un fan del fútbol estará pensando en lo mal que fue el partido del domingo pasado: que qué mierda, que si el árbitro, que si aquella falta que no lo era… Son pensamientos de algo pasado que no le aportan absolutamente nada y lo llevan a emociones de derrota y enfado. O estará pensando en el partido del domingo que viene: que si aquel equipo contra el que se enfrentará su equipo favorito es muy bueno y que probablemente pierdan… De nuevo, los mismos sentimientos de derrota y enfado. O estará recordando que su equipo ganó el domingo pasado y eso le pone contento, alegre y está feliz.

O una madre que su hijo no le hace caso y va a la suya, estará pensando en qué tiene que decirle y hacer para obligarlo a obedecer y que haga aquello que ella cree que debe hacer. Y estará todo el día dándole vueltas al tema y sintiéndose mal porque el hijo, bla, bla, bla.

O la persona que en todas partes donde va encuentra motivos para quejarse. Aunque no le incumba ni le afecte realmente o muy poco, estará todo el rato con pensamientos de crítica hacia lo que hay allí o hacia las personas que hay o hacia lo que las personas hacen. En realidad importa poco lo de fuera, siempre dentro encontrará la excusa para entrar en esa dinámica.

Eso son las líneas de pensamiento. Las personas, a veces, son conscientes de pensamientos individuales que saben que no les sientan bien. Pero es muy raro que se den cuenta de que en realidad son «líneas de pensamiento». Es decir, pensamientos que a veces son aparentemente muy distintos, pero que en realidad siempre giran alrededor de unos temas habituales y, sobre todo, y aquí es lo importante, que nos llevan a unos estados internos «habituales» y «conocidos».

Otro punto muy importante es que sin entrenamiento de la mente siempre están relacionados con «algo externo» que nosotros «no controlamos». Por tanto, el que entremos en unos estados emocionales u otros «queda en manos de eso externo» y no somos capaces de gobernar lo que sentimos y nos emociona. Lo que ocurre fuera condiciona totalmente como nos sentimos. (Ver artículo ¿Las mujeres sienten y los hombres piensan?)

Además, muchas de esas líneas de pensamiento que nos hacen sentir mal sirven para tapar otros sentimientos más profundos y más dolorosos, a los cuales no queremos ni acercarnos. Por ejemplo, «es mejor» sentirse mal porque tu equipo perdió que entrar en el dolor de no sentirse amado por la pareja.

Y como transitamos constantemente ese camino de líneas de pensamiento, este se mantiene despejado y «fácil». Nada impide el tránsito por él. Y en realidad, es un camino circular, donde parecemos el burro de la noria que va dando vueltas y vueltas, pero al final constantemente está pasando por los mismos lugares.

Podar y sembrar

Regar lo que queremos y podar lo que no sirve

Hay varias claves, todas ellas importantes y que se deben hacer de manera constante, sostenida y con sentido común.

La primera es empezar a darse cuenta de la relación que hay entre los pensamientos, y las emociones y sentimientos. Las emociones y sentimientos no surgen de la nada, son respuestas a pensamientos. Solo cuando aprendemos a darnos cuenta de esa relación, podemos empezar a cambiar los pensamientos. El tema es amplio por sí solo y está desarrollado en el artículo ¿Las mujeres sienten y los hombres piensan?. Es importante leerlo para entender este aspecto y su enorme importancia.

La segunda es ver qué líneas de pensamiento rondan habitualmente por nuestra cabeza. Cada pensamiento consume mucha energía y según qué tipo de pensamiento mueve muchas emociones y sentimientos que, a su vez, también consumen mucha energía cuando son desagradables.

He dicho conscientemente pensamientos desagradables porque son pensamientos que nos hacen sentir mal. No hablo de si son «buenos o malos».

Y aquí es donde, después de identificarlos, hay que plantearse dónde nos llevan y, literalmente, si «nos sirven para algo» o no.

Malgastar energía en pensamientos que no sirven para nada no es una buena «inversión».

Y la tercera es, una vez vamos identificando todos aquellos pensamientos «inservibles» o, más importante aún, que nos llevan habitualmente a un baile de emociones sin sentido y basadas en cosas externas, cambiarlos.

Y es aquí donde está la clave. Aquí es donde cogemos las tijeras y empezamos a podar los árboles y las plantas, a arrancar malas hierbas, a despejar caminos, a regar lo que queremos que crezca, etc.

Es decir, vamos eliminando pensamientos inútiles, absurdos o nocivos y vamos sembrando pensamientos más útiles y que nos llevan a un lugar interno mejor.

Registrar sin juzgar

Al principio requiere un trabajo muy intensivo.

Básicamente es un trabajo de atención. Al principio, solo detectaremos los más relevantes y evidentes. Y a medida que vamos trabajando, al alejarnos del ruido de estar al lado del altavoz de la discoteca, empezamos a percibir «ruidos» que antes ya estaban, pero por haber tanto ruido ya no lo escuchábamos.

Al principio puede ayudar muchísimo trabajar con hojas de papel o libreta. Usaremos una hoja o página para cada línea de pensamiento. De momento no entraremos a «valorarlas», solo lo registraremos.

Siguiendo con los ejemplos, una sería «cosas de fútbol», otra «cosas con el hijo», otra «encontrar problemas en todas partes». Y así sucesivamente. Lo normal es tener varias hojas, algunas muy «intensivas» y otras no tanto.

Y dentro de esas líneas, suele haber unos pensamientos predominantes. Esos pensamientos más habituales dentro de la línea, también los iremos anotando. No hace falta escribir un libro, con que por ejemplo anotemos: «El equipo rival es bueno y vamos a perder» o «tengo que conseguir como sea que mi hijo escoja la carrera que le digo, es por su bien» o «qué mal servicio hay en todos los restaurantes, son unos inútiles».

Puede que a veces solo haciendo eso veamos la absurdidad de todo eso, pero de momento mejor no «analizar», solo pasar unas semanas registrando. Sin juicio, solo registrando.

Es importante hacerlo así, porque es la manera en que los patrones se empezarán a hacer visibles.

Solo después de unas semanas de hacer eso, con muchos pensamientos «aparentemente distintos» en cada hoja, empezaremos a ver los patrones.

Una vez tenemos la «encuesta» es cuando veremos que aunque son «líneas distintas», en realidad se repiten muchos patrones. Al tenerlos plasmados y agrupados, todo se hace evidente.

Y ahora sí empieza la revisión «crítica». Pero esa crítica no es hacia nosotros mismos, es hacia las cosas que solemos pensar y esas líneas de pensamiento que los agrupan. ¿Esos pensamientos tienen alguna utilidad? ¿A dónde nos llevan?

¿Realmente tiene algún sentido estar todo el día pensando en si un señor en pantalón corto va a meter una pelota en una portería? ¿De verdad es eso importante? ¿Y además, tiene algún sentido sentirse mal por eso?

En el caso de la madre que vive proyectada a su hijo. Puede tener razón o no con lo que le plantea al hijo. ¿Pero cambiará algo en su hijo por estar todo el día dando vueltas a algo que él debería hacer? O solo se agotará la madre?

Y con el último ejemplo, ¿realmente todo el mundo lo hace todo mal? ¿No hay nada que se haga bien en ningún lugar? ¿Seguro? ¿Por qué la otra gente no entra en conflicto también constantemente?

Un punto importante en esta parte es darse cuenta de hasta qué punto estamos eligiendo pensamientos en cosas que no están bajo nuestro control y, por tanto, hacen que las emociones y sentimientos que nos van a generar no dependan de nosotros.

Una vez hemos reconocido estos patrones es cuando podemos empezar a «podar» esos pensamientos que no nos llevan a nada interesante.

Ocupar la mente

La clave es aprender a ocupar la mente con otros pensamientos que nos lleven a un lugar interno mejor. Y a la vez, también aprender a estar viviendo menos dentro de la mente.

Para lo primero una buena manera de empezar es creando en un papel una lista de pensamientos de cosas que nos gustan, de cosas que cuando las hacemos nos hacen sentir bien siempre y que no esté condicionado a un resultado externo concreto.

Cada vez que nos demos cuenta de que estamos en esos pensamientos absurdos nos «forzamos» a pensar en esas otras cosas más interesantes.

Evidentemente, en un día no se va a producir el cambio, requerirá perseverancia, autoobservación y paciencia. Al principio, por falta de práctica, es cuando más cuesta porque hay que crear un «camino nuevo» y para eso hay que quitar la «maleza». Pero a medida que más transitamos ese camino, la maleza crece menos y va siendo más fácil «caminar ese camino».

Para aprender a vivir menos en la mente, ver el artículo Salir de la trampa de la mente. Es importante hacer la meditación guiada, mejor con el audio de Youtube o Spotify para hacer que sea algo experiencial, no solamente un aprendizaje teórico.

Salir del bucle

A veces la mente es como los antiguos discos de vinilo, que se quedaban repitiendo en bucle un trozo de la canción de forma indefinida. Y si no intervenías, se podía quedar ahí horas.

Y eso es lo mismo que pasa con la mente, se puede quedar horas en bucle repitiendo las mismas frases y generando las mismas emociones y sentimientos, en círculo vicioso.

Escribir es una buena manera de salir de ese bucle del disco de vinilo y convertirlo en un casete donde podemos ir tirando de la cinta de manera que vamos avanzando y salimos del bucle.

Pero, para que funcione, hay que hacerlo de una manera un poco peculiar.

La clave es dejar salir a «chorro» lo que salga, sin ningún filtro, sin ninguna intención más allá de plasmar lo que hay en la mente. Sabiendo que eso, a no ser que por algún motivo queramos compartir una parte, es solo para nosotros. Por tanto, podemos prescindir de ortografía, de redacción correcta, de que todo el mundo lo entienda bien. NO estamos haciendo el informe de fin de año de la empresa.

Precisamente se trata de que todo eso se escriba SIN activar la mente para que cuestione el texto. La idea es relajar la mente y que surja «todo».

Un ejemplo sería:

«Hoy siento que ya no puedo más, que no sé cómo resolver esto, no sé por donde empezar. La verdad es que me siento perdido. No entiendo por qué me está pasando todo esto. Y encima ella todo el día quejándose de todo. Como si yo lo supiera todo. Buf, qué cansado estoy. A veces lo mandaría todo a la mierda. Pero la quiero, y también quiero a mis hijas. Para ellas soy importante, debo resistir y continuar. Al menos hasta que sean mayores. Pero no puedo más. ¿Y si lo mando todo a la mierda y me voy a vivir a la Bahamas? Pero si lo hago me sentiré mal, sentiré que las abandono. Yo sufrí mucho de pequeño cuando mis padres no estaban en casa, no puedo hacerles eso. Y bla, bla, bla»

Como vemos son pensamientos en bucle. Y son una muestra típica del bucle que vivimos en mente. Pero al hacer eso, ocurren dos cosas «mágicas».

Por un lado, en vez de ver un solo pensamiento a la vez, los podemos ver TODOS a la vez y juntos, con lo que podemos tomar más consciencia de qué nos pasa por dentro de verdad, poniendo una cierta distancia.

Y por otra, al «quitar» esos pensamientos de la mente, pueden aparecer otros pensamientos «nuevos» que no podían surgir al estar en el bucle.

Con esa escritura quizás no resolveremos el problema o quizás no encontraremos la «solución», pero sí que nuestra mente se calmará y tendremos una visión más elevada de lo que nos pasa. Y quizás, después de escribir un rato más o pasado un rato, ya haciendo otra cosa, nos viene otra perspectiva de lo que estamos viviendo que sí que nos ayuda a resolver la situación.

Puede sorprender, pero en realidad es poner a la mente a calmar la mente. Y de esta manera sí puede hacerlo. Y la estamos entrenando a que funcione de una manera más «saludable» para nosotros. La mente no quiere ni hacernos daño ni hacernos sufrir, solo hace lo que aprendió a hacer sin que nadie la «educara». Solo nos quiere sacar del dolor emocional, pero no se da cuenta de que nos pone en un «dolor mental».

Un momento donde hacer esta escritura puede ser «mágico» es el momento en que no podemos dormir porque la mente está hiperactiva. Si llevamos ya un rato dando vueltas sin conciliar el sueño, nos levantamos y escribimos lo que nos está dando vueltas por la mente, típicamente cosas a hacer mañana, o cosas así. Luego vamos a hacer un «pis» y a dormir.

Consciencia corporal

El Hatha Yoga y la meditación son grandes herramientas, pero inútiles cuando estamos con la mente y emociones desbocadas porque precisamente ese quedarse quieto en una postura o en meditación nos va a dejar «a solas» con la mente. Y esta se va a volver loca porque se va a activar todo el «mambo» que llevamos dentro habitualmente.

Por eso el acercamiento tiene que ser todo lo contrario, y es el que podemos hacer desde la consciencia corporal. Aunque puede haber distintas maneras de hacerlo, la base siempre es «poner atención a partes del cuerpo». Y esa es precisamente la clave, poner atención a algo «externo» a la mente, pero que a la vez somos «nosotros mismos». No «algo externo del todo» como hacemos habitualmente.

De pequeños nos «perdimos» en la mente para no vivir tanto el dolor emocional al desconectar de las sensaciones del cuerpo. El problema es que con el tiempo, el sobrepensar también se convirtió, nunca mejor dicho, en un «dolor de cabeza». Y ya no había vuelta atrás.

Precisamente, por ese sobrepensar mucha gente practica deportes de riesgo. Como está en juego la vida, la mente se centra en lo que está haciendo la persona para evitar riesgos. Y ese «parar la mente lineal» produce en la persona una sensación de bienestar que no encuentra en la cotidianeidad.

Con el trabajo de consciencia corporal sí podemos revertir ese proceso sin poner en riesgo nuestra vida.

Cantar

Otra muy buena forma de relajar la mente y, por tanto, el constante cambio de emociones y desgaste energético que eso produce, es cantar.

Si puede ser, cantar canciones «con letra» porque eso obliga a la mente a «pensar» esas palabras de la canción y tiene que salir de su bucle típico.

Pero es importante que no sean canciones «de drama», que sean canciones que nos den alegría. Pero, aun así, será mejor una canción de drama que la hiperactividad de la mente.

Y para las personas interesadas en la espiritualidad, puede ser útil el cantar mantras o cantos devocionales. No importa tampoco mucho el qué, solo que sepamos lo que el mantra significa y que nos guste la idea que eso representa.

Debe ser siempre algo que tienda al amor, a la positividad, etc. Pero no se trata de repetirlos como las beatas rezando el rosario en la iglesia en plan máquina. Es importante hacer el esfuerzo de mantener, en la medida de lo posible, la «consciencia» hacia lo que estamos diciendo.

La ventaja de los mantras es que además de «calmar la mente» al ocuparla con ellos, también está «programando» el subconsciente con lo que estamos diciendo. Por eso es importante que sean siempre en sentido «positivo». Así programamos nuestro subconsciente con mejores semillas.

Además, los mantras y cantos devocionales tienen otra ventaja adicional y es que millones de personas los han cantado durante siglos millones de veces y llevan una carga energética de «intención» que es muy potente, que nos ayuda precisamente a «ir hacia lo que el mantra dice».

El aquí y el ahora

Otra de las «aficiones» de la mente es estar constantemente en el pasado o en el futuro.

Dando vueltas constantemente a algo que ya no existe: «Mira lo que me hizo, me dejó tirada, y bla, bla, bla» y eso pasó hace 20 años. Pero después de 20 años se sigue en el mismo bucle y recreando ese dolor.

O a algo que, de momento, no ha ocurrido. Que existe sí, alguna posibilidad de que ocurra, pero es una probabilidad muy baja. Pero nos quedamos en esa posibilidad: «Que no vaya a la excursión, que le puede pasar -algo-». Y cuando el hijo está en la excursión: «¿Seguro que está bien? A ver si se cae y se hace daño, ¿y si el autobús tiene un accidente?». Estamos «viviendo como real» algo que no existe.

Por eso también es muy importante centrarse en «el Aquí y en el Ahora».

Enfocarse en lo que ahora «es real y está ocurriendo». Salir del pasado o del futuro.

Se puede ir un momento al pasado a recuperar una información para entender o decidir algo ahora con lo aprendido entonces.

Se puede ir un momento al futuro si tenemos que tomar una decisión sobre algo que hay que hacer. Pero una vez analizado y decidido, volvemos a ahora.

Porque en realidad el único momento que existe es ahora. El pasado ya no existe. El futuro aún no existe. Y la vivencia es siempre ahora, en este momento. No importa si duele. Es lo que hay ahora. Y «transitar» el ahora, es lo único real.

Ocurre lo mismo con el aquí.

En lugar de ver y vivir lo que nos trae el lugar donde estamos, ya estamos pensando en el siguiente lugar que vamos a visitar en la excursión y nos perdemos lo que hay donde estamos ahora.

Recomiendo un libro de Eckhart Tolle: «El poder del ahora». El mensaje es muy simple, pero muy poderoso. También ver la colección de entrevistas que Oprah Winfrey le hizo a Eckhart Tolle. Es de hace muchos años y la calidad no es muy buena, pero el contenido vale la pena y el sonido se escucha bien. Una Nueva Tierra – Eckhart Tolle y Oprah Winfrey

El ciclo

De la semilla al árbol: el cuidado de la mente es un ciclo constante

Una de las claves a entender es que si un camino en la mente no lo transitamos crece la maleza y al final casi se pierde. Si un camino lo transitamos a menudo, se mantiene despejado y transitable.

Por tanto, cuanto más constantes seamos en ese trabajo de «poda» de pensamientos inútiles y negativos, y en ese trabajo de siembra de «mejores pensamientos», más resultados obtendremos.

Y como más de las técnicas aquí planteadas usemos, más rápidamente notaremos cambios en nuestra forma de estar en la vida y la mente.

Técnicas que pueden ayudar

Hay técnicas dentro de la psicología «no oficial» que podemos aprender y que nos pueden también ayudar a gestionar la mente.

La Programación Neurolingüística (PNL) entrena la mente a detectar cómo el lenguaje, las imágenes internas y los anclajes condicionan la conducta, y sustituir estos patrones por respuestas más útiles. Para ampliar: Programación Neurolingüística (PNL): Qué es, principios y para qué sirve.

La Comunicación No Violenta (CNV) educa a la mente a separar la observación del juicio y a expresar sentimientos, necesidades y peticiones claras para reducir la reacción automática en el diálogo. Para ampliar: ¿Qué es la CNV?.

La sofrología entrena la mente con relajación, respiración e imágenes positivas para reducir la tensión e instalar estados de calma y confianza que puedan recuperarse a voluntad. Para ampliar: ¿Qué es la sofrología y qué tan eficaz es?.

El focusing entrena la mente a escuchar la sensación corporal difusa que acompaña a un problema, ponerle nombre y dejar que esa sensación se mueva hasta que aparezca una comprensión nueva. Para ampliar: Focusing: la psicoterapia corporal de Eugene Gendlin.

El trabajo de indagación de Byron Katie educa a la mente a examinar un pensamiento estresante con cuatro preguntas e inversiones hasta que pierde la fuerza de verdad absoluta. Para ampliar: El Trabajo de Byron Katie.

La respiración consciente y la coherencia cardíaca entrenan a la mente a regular el ritmo respiratorio para calmar el sistema nervioso y recuperar la capacidad de elegir la respuesta en lugar de reaccionar. Para ampliar: Meditación de respiración consciente.

Autor: Josep Vergés Fecha: 18/10/2026

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